Derek

El pasado 11 de julio, mis amigos Aury Mercado y Gregory Santana recibieron la bendición de ver nacer a sus gemelos Diego y Derek. Aparentemente todo estaba normal con los niños, pero resulta que Derek nació con serias complicaciones cardíacas. “Dextrocardia”, “Inversión ventricular” son dos de los nombres de las complicaciones que tiene el pequeño Derek. Su condición es bastante delicada, y corre peligro de fallecer si estos problemas no son corregidos.

Derek Santana Mercado

Derek Santana Mercado

Un grupo de sus amigos, al saberse la noticia, nos comprometimos a aportar un poco de nuestra ayuda para costear las operaciones que habrá que practicarle a Derek. Nunca ha sido mi costumbre el pedir dinero a nadie, pero a diferencia de muchas cadenas que recibo, en esta yo conozco personalmente a los padres de Derek, son mis amigos, y quiero ayudarlos.

Es posible que hayas visto cadenas de oración, peticiones de ayuda para Derek, hasta una noticia en la prensa que gentilmente publicaran… Seguramente, si tienes un mínimo de sensibilidad, habrás sentido lástima por la situación. Pero es posible que hayas pensado que no podrías hacer nada por Derek. Quizás estás muy lleno de deudas, puede que no tengas dinero para ayudar, y probablemente (es natural) no das mucho crédito a la historia. Ya antes han habido personas sin escrúpulos que inventan un cuento para timar a los incautos, y por eso ya es poco común que la gente ayude a desconocidos.

Pero te ruego que me creas: Estos no son desconocidos para mí. ¿Tienes amigos? Seguramente sí. Pues simplemente imagínate que esta situación le ocurriera a una pareja de amigos tuyos. Aury y Gregory son una pareja joven, que se estrenan como padres. Necesitan mucha ayuda y apoyo. Siempre he querido poder ayudar a los necesitados, aún sin conocerlos, “contimá” a dos personas que son de mi círculo. Por eso, te ruego que me ayudes a ayudar.

Ya hoy es día 13, y muchas personas cobran dinero hoy.Te quiero pedir que abras los ojos del desprendimiento y separes una parte de tu dinero de esta quincena para depositarla a la cuenta de Aury Mercado o Gregory Santana, para ayudarlos a afrontar este terrible escollo. La cuenta de Aury es la 740719125 del Banco Popular (no es la 1234569 que aparece en algunas imágenes, esa cuenta no existe en el BPD). Gregory tiene una del Banco de Reservas con el número 247-015705-0. Deja de darte un bonche, o de comprar una prenda, o de comer en un sitio caro por una vez, y con plena confianza haz una transferencia a una de las cuentas.

Hago esta petición con mucha esperanza de que el objetivo se alcance y que Derek se recupere plenamente. Yo ya ayudé con una suma. Ojalá que también tú te sumes. Si aparecieron tantos minimensajes para Martha Heredia, creo que podemos juntar ese dinero.

Noticia en Diario Libre:  Bebé de un mes de nacido necesita tu ayuda para vivir

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¿Cuál es tu apellido materno?

Como la mayoría de las personas, yo tengo dos apellidos. Llevo el Martínez que me da mi padre Darío Martínez Andújar, y el Batlle que heredo de mi madre Mildred Batlle Pérez. Sin embargo, por esas convenciones sociales que nos abruman y que pocas veces cuestionamos, desde niño aprendí a decir que mi nombre es Darío Martínez, dejando en las sombras el apellido de mi adorada vieja.

Un vistazo a mis libretas de direcciones y a los perfiles de mis amigos en las redes sociales me indica que la costumbre está arraigada en todas partes. Son pocos, muy pocos, los conocidos míos que utilizan sus dos apellidos para identificarse.

No es mi intención tocar el tema de los trasfondos legales ni las normas que venimos heredando desde los tiempos de la Colonia, y que por siglos han dictado que el primer apellido de un recién nacido ha de ser el del padre.

Tampoco es mi intención levantar la polémica de etiquetar esa vieja costumbre como paradoja, máxime en sociedades como la nuestra, en las que el papel de la madre, muchas veces, determina la crianza del niño o la niña, mientras que (maldita sea) el papel de tantos “hombres empreñadores” se reduce, si acaso, a aportar una mensualidad (por demás pírrica) con la cual “ganan” el derecho de ser incluidos en el grupo de los “padres responsables”… como si para criar bastara dinero.

No me interesa, lo juro, convertir mi post en una guerra de leyes, de machismo contra feminismo, del derecho patriarcal contra el matriarcal. No quiero, de verdad que no, azuzar a los crucificadores de ideas que se apoyan en cualquier palanca de moda para sonar expertos en cualquier temática. Ay no, yo estoy medio viejo para eso ya.

Mi madre junto a José Ramón (izq) y yo, en su cumple 2008

Mi madre junto a José Ramón (izq) y yo, en su cumple 2008

Lo único que quisiera, si no es mucho pedir, es que honremos a nuestras madres, que digamos nuestros nombres usando los dos apellidos por igual, porque lo menos que podemos pensar de ellas es que les somos deudores de nuestras vidas por igual a ellas, que a los padres que nos dieron el apellido con el que más se nos identifica.

Volví a mis libretas de correo y mis perfiles en las redes sociales y me puse a examinar nombres al azar. No los conté, pero fueron pocos… muy muy pocos aquellos amigos míos de los que pude recordar el apellido materno. ¿Por qué no me ayudan a conocer los apellidos de sus madres, amigos?

Cambiemos nuestros perfiles en las redes sociales para incluir ese segundo apellido. Editemos nuestras tarjetas de presentación y nuestras firmas de correo. Modifiquemos nuestros blogs para que se vea nuestro nombre completo donde sea apropiado. Acostumbrémonos a decir nuestros nombres con todos sus componentes (opcional: decir el segundo nombre, eso sí que yo no lo haré nunca!).

Desde hace más de un año, yo lo hice así. Mi perfil en Facebook tiene ambos apellidos. En Twitter, por cuestión de espacio, no caben los dos, pero al menos cupo la “B”. Muchos de mis nombres de usuario son dariomartinezb, para salvar, cuando menos, la inicial del Batlle de mi madre.

Y no lo hagamos sólo con nosotros. ¡Esto debemos insistirlo sobre todo con nuestros propios hijos! Viene anécdota.

Mientras estaba hoy al mediodía en el colegio de mi hija Vielka, en dos ocasiones me encontré con personal del colegio que me conoce, aunque como es natural, se les dificulta saber de quién soy padre.

La primera, en el área de los libros, con algo de duda tanteó: “¿Usted es el padre de… Vielka Martínez?” dijo insegura.

“No” respondí yo y ella puso mueca de confusión. “Soy el padre de Vielka Martínez Colón” le enfaticé. Ella sonrió y procedimos.

Luego, en la caja cuando estaba por pagar, le paso a la cajera la orden de compra que me había hecho la primera joven (a nombre, ni modo, de Vielka Martínez de 4 de Básica, porque le cupo el curso pero no el apellido de la madre). “Ah, ¡Vielka Martínez!” dijo la cajera como reconociéndola.

“No, no es Vielka Martínez. Es Vielka Martínez Colón” dije, poniendo en negritas el apellido materno. Ella sabe que soy padre divorciado y creo que le provoqué una sorpresa muy grande. Levantó la cabeza para mirarme a los ojos y me dijo un piropo que no esperaba: “usted es un caballero”. Sonreí con un “gracias” entre dientes mientras le pasaba mi tarjeta de crédito nueva, a nombe de Darío Martínez Batlle.

No lo puedo negar, me gusta decir el Batlle, aunque tenga que lidiar con quienes no lo entienden y piensan que es “Valle” u “Ovalle” o que lo escriben como batalla en inglés (“Battle”). Pero cada vez que lo digo, y hasta cuando necesito decir “B-A-T-L-L-E”, siento que mi madre sonríe.

¡Hagan sonreír a sus madres!

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